El hecho que Redes Ciudadanas atraiga de más en más adherentes sin ninguna discriminación e incluso personas de pasado no muy glorioso, ocurre en todas las contiendas electorales y en todo país democrático. Aquí en Europa con más de un siglo de sistemas representativos parlamentarios y elegibles sabemos bien que en las campañas electorales la recomposición de fuerzas a medida que la fecha decisiva se aproxima es muy frecuente y hasta necesaria.
En los países como Francia donde existe la "segunda vuelta" esto es evidente, es una forma legal para la formación transparente de alianzas y congregación de fuerzas a la luz del día. No se puede de ninguna manera reprochar a que antiguas personalidades e incluso "ovejas descarriadas" regresen al buen camino y al buen redil. Como tan poco se puede evitar que viejos oportunismos aprovechen las aguas turbulentas para pescar en río revuelto. Así es la lucha democrática y nosotros desde Europa, conociendo desde hace mucho tiempo cuáles son las verdaderas armas de la democracia estamos dispuestos a discutir, analizar e incluso pactar, con la única condición de la verdad y la transparencia.
Todos tienen derecho a superar sus viejos vicios y la verdad debe ser puesta delante de todo el mundo para que los ciudadanos en su momento juzguen con sus propios criterios el progreso o el retroceso social.
Aquí en Francia por ejemplo, el escándalo de los buques de guerra con amianto, pone en evidencia las deficiencias del sistema democrático, pero al mismo tiempo, la discusión democrática facilita la solución de tan delicado problema, las reglas de la democracia establecen los canales normales o extraordinarios para superar las graves dificultades que en todo país aparecen y aparecerán. Si se descubren culpables, ellos tienen que pagar por sus delitos delante de la opinión pública.
La democracia es progreso constante, la democracia no se termina ni comienza con procesos electorales, es una responsabilidad permanente de todos. En México debemos proceder con las reglas del “buen gobierno” y al que quiere celeste que le cueste.
Guillermo du Plesis